La Semana Santa de nuevo en la calle

 

Los cristianos celebramos en estos días los misterios centrales de nuestra salvación, y después de dos años de pandemia volvemos a poner en la calle las catequesis que forman los pasos de nuestra Semana Santa Pacense.

Creemos firmemente que Dios existe; que ha creado cuanto podemos contemplar con nuestros ojos, y cuanto escapa a nuestra observación. Sabemos por la fe que todos somos imagen y semejanza de Dios, y que esa es la raíz más profunda de la inalienable dignidad humana.

Estamos convencidos de que hemos sido llamados y capacitados para alcanzar nuestra plenitud siguiendo el ejemplo de la generosa entrega de Jesucristo por amor a la humanidad, a cada hombre y a cada mujer, sea cual fuere su edad, sexo, cultura, creencia o situación. El Señor, viviendo a la perfección la obediencia al Padre, que Adán y Eva habían roto, se sometió voluntariamente a la Pasión y muerte cruentas, que estos días escenificamos devotamente mediante las figuras que procesionan por nuestras calles.

Animados por el Espíritu de Jesucristo quiero saludar con sincero espíritu de fraternidad a cuantos habéis acudido a esta ciudad, Sede episcopal de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Ciudad acogedora que recibe a todos con inmenso agrado. Quisiéramos ofreceros lo mejor de lo que tenemos tanto material como, sobre todo, espiritualmente.

Deseamos que las manifestaciones públicas de nuestra fe en Jesucristo, salvador universal, os ayuden a participar de esa experiencia maravillosa que consiste en saber que Dios nos ama infinitamente a pesar de nuestras infidelidades, pecados y traiciones; y que desea ayudarnos a caminar libremente por la senda de la vida hacia la perfección personal, hacia la renovación del mundo y, finalmente, como conclusión lógica de ello, hacia la eternidad feliz en el cielo junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Este año al contemplar la entrega del Hijo de Dios nuestro corazón quiere elevar una plegaria por la paz en esa parte del mundo, Ucrania, donde tanto inocente está muriendo por la sinrazón de una guerra provocada por el ansia de poder de algunos dirigentes políticos.

Si no sois creyentes y os asomáis a nuestra ciudad atraídos por el espectáculo de las procesiones, buscando o valorando su riqueza cultural, recibid también nuestro saludo y afectuosa acogida. El Señor nos ama a cada uno como somos. Nosotros no vamos a poneros condiciones para acogeros.

Contemplad, pues, cuanto se ve y cuanto, de modo no visible pero sí perceptible, anima estos actos que deseáis conocer y disfrutar.

Pedro Fernández Amo
Delegado Episcopal para las Hermandades y Cofradías